domingo, 20 de noviembre de 2011

Alegoría en Mestalla.

El día de reflexión, víspera de las elecciones, a dos horas de enfrentarse el Valencia CF y el Real Madrid, un hombre se desploma junto a la estatua en homenaje a la afición, a escasos metros del estadio de Mestalla. Un joven le intenta auxiliar, con la ayuda de algunos policías - que sumarían unos 30 en la misma calle-. La gente de los alrededores se congrega impaciente esperando a una ambulancia. La tensión se empieza a respirar en el ambiente. Llamadas de móvil, impaciencia...

Más de media hora después, con el hombre insalvable , llegan los servicios sanitarios.
La gente rodea a la ambulancia y empiezan los abucheos, la indignación, la cólera colectiva.
En pleno centro de la ciudad, a las ocho de la tarde, en un evento deportivo que congrega a más de 50.000 espectadores, con 3 hospitales a escasos metros de distancia del estadio de Mestalla, un hombre habrá de aguardar más de 30 minutos antes de morir. La irritación y el hastío de la gente son indudables.
La indignación de unos ciudadanos, que por lo general tienden a colaborar con las autoridades, no fue más allá del insulto. Es el control de las pulsiones, que Norbert Elias, calificaba de fuente de una economía psíquica, que impide al hombre a abandonarse al placer de la agresión.

Miramos con sarcasmo y superioridad las imágenes del asesinato de Gaddafi, olvidando que no hace mucho éramos iguales.
El estallido de una guerra civil, es el escenario en que el hombre deja rienda suelta a las pasiones, a los sentimientos o a los miedos que se combinan con las frustraciones y las expectativas del presente y mediante la agresión, la violencia adquiere una dimensión de carácter paroxístico. La multitud asesina subvierte el orden y procede a la venganza.
No nos encontramos ante una violencia meramente instrumental, sino simbólica, que adquiere un aura, y una sensación orgásmica, que le dotan de una dinámica propia. Roger Caillois registró la impactante homología que tiene esta violencia con la fiesta, pues en ambas los individuos son absorbidos por una efervescencia colectiva, transformando el acto comunitario en solución de sus problemas, poniendo en cuestión las distancias sociales y la autonomía de las personas. Disminuye la parte de liturgia y aumenta la de licencia y orgía.
Se suspende el derecho y se cuestiona el monopolio estatal de la violencia.

En nuestra ciudad los festejos populares son sinónimo de efervescencia colectiva, hasta el punto de que, el uso de la memoria y de los imaginarios colectivos, ha generado identidades múltiples, confrontación, y distintas manifestaciones colectivas.
Desde homenajes a banderas diferenciadas por una franja azul, pasando por (ex)líderes políticos que se agarran a ella ante las acusaciones de corrupción, hasta el exacerado culto a la virgen local, damos a entender a los demás que nos gusta tener ascendencia.

Un evento popular no tan estigmatizado (o sí), como serían las fallas, ha dado lugar a múltiples manifestaciones colectivas, y muchas de ellas – repetidas cada año – de carácter violento. Peleas masivas, lanzamientos de botellas de cristal, o incluso asaltos a comercios, son el resultado del encuentro colectivo, unido a ciertas dosis de devoción creativa, y alcohol.

Ahí encontramos al primitivo valenciano que podría perfectamente matar a Gaddafi si hubiera intentando timar a los accionistas del Valencia CF comprando las parcelas del estadio para hacer negocio. Ni qué decir tiene de las múltiples trifulcas entre grupos ultra que con la misma lógica de una guerra civil, e insertos en el Estado de naturaleza (previo a la constitución del Estado) recurren a la fórmula de amigo-enemigo que empleó Carl Schmitt para referirse al elemento definitorio de la política.
Pero ahí podríamos hablar ya de tantas cosas como de los catalanistas, los masones, los rojos, los judíos, los moros, los negros, los inmigrantes en general, los homosexuales, el Papa, los mesetarios, el imperialismo, EEUU, los fascistas, la globalización neoliberal, las multinacionales, el mercado, el capitalismo, la contaminación, los progresistas, hasta llegar a ETA o Rubalcaba.
Sin embargo no hay que andar tan lejos, para hablar de lo que nos concierne, y que no es más que de los impulsos colectivos, que acaban quebrando nuestra amada paz social.
Ante una crisis múltiple como es la que vivimos: de valores, de deuda, de representación, de sistema, de la construcción, de la economía en general, de la juventud, del Estado del bienestar... nos encontramos ante un panorama tan desolador como el que le deparará a nuestro sector público, pues no cabe la menor duda de que aquellos encargados de nuestra seguridad y protección, es decir; aquellos privilegiados que vivan de los impuestos de los contribuyentes, habrán de hacer su trabajo mejor que nadie, y añadiéndose más brazos que un pulpo para paliar la escasez de medios e intentar que no los despidan o no nos los comamos. Aunque al final, que más dará… 30 policías, casi nada. Pero la gente no es tonta, y al final lo que le importa es sobrevivir. Después de todo eso de la autorrealización y demás mierda posmoderna.
Hace unos años que murió Francisco Franco, unos tantos más que murieron Buenaventura Durruti, y José Antonio Primo de Rivera. Hoy han capturado al sucesor de Gaddafi y se le ha asegurado un juicio justo. El hombre murió por culpa o no de la tardanza de los servicios sanitarios, pero los periódicos nada mencionan al respecto, probablemente no preguntaron a las personas congregadas.
Probablemente Gaddafi no preguntase a sus verdugos antes de enfadarse con él y se empezase a resquebrajar el castillo de naipes que había ido creando, qué querían hacer con su vida cuando lo capturasen. El sueño de la razón produce monstruos, y algunos son terroríficos.
El hombre se llamaba Salvador Perales y el equipo local lució brazaletes negros en su honor en un partido que podría haber empatado si no fuera porque el árbitro no pitó una mano de un jugador visitante en el último minuto del partido señalando penalty.
Hoy hay elecciones a las cortes generales, la gran fiesta de la democracia.
Llevemos brazaletes negros en su honor, la mano invisible ha vuelto a ganar la partida.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La amada socialdemocracia


Desaparecer: el ansia
general, creciente reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
(Miguel Hernández)

   No hace poco que encontré la llave del buzón y la verdad, si lo sé hubiera hecho todo lo posible para volverla a perder. Por una breve temporada me olvidé de las facturas y de la publicidad, pero notaba que me faltaba algo más… ¡las papeletas de la fiesta de la democracia!

   Tiremos de tópicos. Cada cuatro años, desde los púlpitos socialdemócratas, a los representantes les entra un vacío existencial y político. Están huérfanos, algo les falta. Sienten la necesidad de perpetuarse en el poder y no saben cómo prolongarlo. “¡Ah, las masas!”. Efectivamente. Tras cuatro años de silencio por fin el pueblo soberano tiene algo que decir…

   Es cierto. A nosotros, los fieles demócratas convencidos, se nos despierta un sentimiento sufragista tal que corremos como locos hacia nuestros colegios (¿dónde se ha visto ir un domingo a ese lugar?) para ejercer el derecho a voto, ese derecho por el que tanto hemos luchado y por el que debemos estar agradecidos a nuestros padres, abuelos, bisabuelos y si somos generosos con las generaciones pasadas, a los diputados de las Cortes de Cádiz…
    
   Y es que parece que les debamos algo a los antiguos procuradores franquistas. Estos amables señores, amantes de la democracia desde finales de la década de los treinta, nos han hecho creer que la Transición fue algo modélico, incluso generoso para con los ciudadanos. Además, no viene nada mal incluir en el guión para rozar la excelencia la figura de un monarca que delega su poder para poder marchar “y yo el primero, por la senda constitucional”, como diría un antepasado suyo.

   Muy bien, nos ha quedado claro que a la democracia ni tocarla. El problema aparece cuando hay voces que cuestionan el supuesto carácter ejemplar del Estado. Parece que la crítica no gusta. Y como no gusta sólo queda una solución: manipular, tergiversar los hechos y modelarlos para que la crítica se convierta en ataque y radicalismo.

   De todo eso saben mucho los protagonistas de  una nueva forma de hacer periodismo. Quizás no es demasiado nueva, pero la difusión que provocan los nuevos medios de comunicación ha ayudado a propagar su mensaje. Periodistas, historiadores y escritores – les nombro como personas que tienen una profesión, así soy yo de generoso- se dedican a consumir horas de radio, de televisión y de esa extraña combinación resultante de la emisión por televisión de lo que está pasando en la radio, informando sobre una realidad paralela que parecen que sólo ellos ven. Denuncian la corrupción judicial, el terrorismo encubierto del gobierno socialista y, por si fuera poco, se toman la licencia de cuestionar la labor policial reconstruyendo ellos mismos casos de terrorismo, incluso se han convertido en profesionales del fascinante mundo de los explosivos (véase el debate Goma-2 Eco vs Titadyn que divide España).

   A todo ellos, gracias. Gracias por abrirnos los ojos. Gracias por creer en la democracia. Y es que ellos son personas con valores, fe y con un gran sentido de Estado. Pero me gustaría que quedase claro su clara creencia en la democracia. Lo digo porque todos estos medios utilizan, casi de forma enfermiza, las palabras “Estado de derecho”, “constitución, “democracia”, “democracia constitucional”, “democracia parlamentaria”. No nos engañemos. Las personas que soban tanto palabras de carácter progresista tienen algún tipo de relación con el fascismo (o con el liberalismo, que es su máscara favorita).

   Volvamos a los tópicos: 


   “¡No nos representan!”. Quizás esta ha sido una de las frases más repetidas de los últimos meses por el movimiento 15M, un movimiento que ha dado cabida (que da, ¿por qué habré hablado en pasado?) a todas las generaciones, desde niñas y niños hasta el ya conocido “abuelo de la revolución”. Esto tiene un adjetivo… ¿puede ser heterogéneo? Puede ser, sí. Sin embargo, los autodenominados liberales, desde sus amplios conocimientos, no dudan en señalar con el dedo y decir que los indignados no son más que radicales de extrema izquierda dirigidos por el PSOE para provocar inestabilidad y confusión a su amada patria democrática. Esto es así. Y si cuestionas esta postura no hay duda, eres un analfabeto funcional. Aunque ellos, dios me libre de acusar, parecen demostrar más que nadie su ignorancia relacionando a la izquierda con el PSOE. 

   Dejando a un lado a este sector de la prensa amiga de la libertad, lo que parece claro es que debemos adoptar nuevos compromisos para que las élites socialdemócratas sepan del descontento popular. El movimiento 15M está muy bien pero, ¿alguien se ha planteado hacer algo nuevo, como escupir la papeleta electoral? Y ojo, no he sugerido escupir dentro del sobre. Sé muy bien que cada gramo de papel debe tener un uso justo para preservar los parajes forestales. O como decía un compañero, ¿si debemos abandonar el bipartidismo por higiene democrática, apostar por los partidos minoritarios como la Falange (la original de las JONS, que conste) sería una opción válida? Es que claro, esto de simpatizar ideológicamente no es tan fácil…

   No sé a ustedes, pero a mí me asaltan este tipo de pensamientos cuando leo las cartas electorales de los líderes de los partidos políticos que se dirigen a mi persona (benditas cartas de plantilla). Debo tener mucha suerte, porque todos proponen y me prometen un sin fin de felicidades varias que son imposibles de rechazar.

   Al final, y perdonen la ignorancia, la socialdemocracia se resume a una serie de promesas/ premios que los figurantes hacen al populacho para que estos piensen que el acto de echar la papeleta en la urna sirve de algo. Por supuesto que sirve. ¿Han oído alguna vez eso de la perpetuación de la especie? Pues eso.

Juventud y cambio

La inminente victoria del Partido Popular ha traído nuevos aires a la ciudad. Algo está, sin duda, cambiando.
Ayer, domingo, día del señor, el PP consiguió incrementar la media de edad en mi acera hasta unos límites insospechados (sí, vivo en el centro y estoy escribiendo esto, no es ningún error).

El próximo partido en el poder ha vaciado Benidorm y ha decidido colapsar el tráfico el único día en el que los usuarios de la bicicleta no nos jugamos la vida para circular por la ciudad.


Alcalde de derechas de Londres


Alcaldesa de derechas de Valencia
Antiguo Presidente de la Generalitat (probable corrupto)
Antiguo Campeón del Mundo, que culpa siempre a los demás
de sus fracasos deportivos.
Otros

Pero el caso es que yo no iba a ir en bicicleta, sino que iba a sacar la basura, y mientras estaba abriendo el contenedor se me han acercado los únicos menores de 60 años de toda la acera para ayudarme a introducir el contenido en el vertedero como si de una carga tóxica se tratara.
Acción similar a: ayudar a anciano a cruzar la acera, pero cómo iban a hacerlo cuando eran tantos. Normal que defienda su partido la energía nuclear con individuos tan cualificados.
Por tanto, se han encomendado a tan honorable acción que esperan haber canjeado por un voto.

No obstante, mi peliaguda y jocosa observación quedaría desmontada por medios especializados que auguran un voto en masa de la juventud al PP el 20-N, de modo que mis comentarios quedarían en un simple panfletillo cómico.
La juventud confía en el Partido Popular. No importan los que no participen, como en una discoteca; quien no entra no moja. De modo que las recientes manifestaciones del bien querido por este diario, doctor honoris por la plural UCH-CEU José María Aznar, que definía al movimiento 15-M como "marginal y de extrema izquierda", encajarían perfectamente en la línea argumental del prestigioso diario digital.
La juventud está con el PP, y como el PP apoya a los jóvenes, estamos de suerte.


Nacho Uriarte, ex presidente de las Nuevas Generaciones del PP
Vocal de Seguridad Vial en el Congreso de los Diputados
Culpable de delito contra la Seguridad Vial







Hola

Antes de inaugurar este blog, debemos dejar constancia ante nuestros lectores más avezados e ingeniosos de que no nos subvenciona Rubalcaba. No formamos parte de ninguna secta, y como no somos vástagos del próximo jefe de la oposición, el mapa o el contador de visitas que incluiremos en este blog, no serán enseñanzas jedi de nuestro maestro para localizar y controlar a nuestros lectores, sino que serán simples medidores del interés generado por este blog, que auguramos bajo. Nace este blog con pretensión de generar debate público, pero reconozcámoslo, nadie nos leerá. Seremos como un parque sin niños, porros, ancianos y cacas de perro. Así pues, honremos la encomiable y mucho más productiva defensa de la esfera privada de nuestros no-lectores, que imaginamos infinitamente más interesante. Si a alguien se le ocurriera hacerlo, será invitado de la forma más generosa posible (aunque sin mamadas, tomémonos esa licencia). Y sin embargo, emplearemos la fórmula lectores, como si ante nosotros se nos presentase un público plural, amplio y fiel. No cabe duda, de que este blog intentará unir dos conceptos que hasta que apareció Pep Guardiola se creían incompatibles: pretensión y humildad. Somos conscientes de la limitación de nuestros lectores, en el mismo grado que de las nuestras, de modo que intentaremos urdir todo tipo de estrategias para mentir a la gente y que pierda su valioso tiempo leyéndonos y sobre todo, comentándonos. Tampoco somos tan interesantes como para ser leídos sin ocasión de réplica como en prestigiosas publicaciones impresas tipo Playboy, HOLA o La Gaceta.

Una vez hechas las presentaciones, empecemos.